Rodrigo Salomón Pérez Hernández - Proyecto

La autoridad distrital en el sistema de intendencias novohispano. La actuación y jurisdicción de los subdelegados en la provincia de México, 1786-1810.

Rodrigo Salomón Pérez Hernández

El Colegio de México
correo-e: rsalomonperez@gmail.com

Es bien conocido que el siglo XVIII en se caracterizó por ser una época de reformas en todos los ámbitos de la vida pública. Tales cambios iniciaron desde la primera mitad de la centuria con el propósito de transformar el sistema de gobierno vigente y lograr una mayor eficacia en la gestión de los recursos económicos y humanos. Este afán renovador tuvo una especial importancia en el campo económico y administrativo, pero su objetivo fue más amplio: se trataba de reformular a la sociedad en todos sus niveles, desde transformar el cuerpo político hasta la religiosidad de la época. [1] En este sentido, el proyecto borbón contemplaba la transformación del imperio y esta nueva situación demandaba superar la vieja institucionalidad política heredada por la casa de los Austria, al mismo tiempo que crear una burocracia eficiente directamente ligada a los intereses de la Corona para romper con el antiguo régimen de privilegios corporativos y jurisdiccionales.

En este contexto, para la Corona española, la reforma al sistema provincial de gobierno se tornó en una tarea urgente, y con ese objetivo se creó una nueva figura de autoridad en el nivel distrital: los subdelegados. Funcionarios que sustituyeron a los antiguos alcaldes mayores y corregidores con el propósito de mejorar la acción de gobierno en las distintas jurisdicciones de Nueva España. Estas innovaciones en el sistema de gobierno local fueron plasmadas en la Real Ordenanza de Intendentes de 1786, [2] obra cumbre del reformismo borbónico y verdadero “puente jurídico” entre el antiguo modelo legislativo de la casuística y del sistema jurisdiccional al nuevo modelo de gobierno de carácter constitucional, [3] y en cuyo artículo 12 se ordenaba que en cada pueblo de indios que hubiese sido cabecera de partido, “…y en que hubiese habido Teniente de Gobernador, Corregidor ó Alcalde Mayor, se ha de poner un subdelegado, que lo ha de ser en las quatro causas (hacienda, policía, guerra y justicia)…” [4] Es decir, serían funcionarios encargados de la gestión y administración de las rentas reales, del cobro de tributos, de la promoción de actividades económicas, de la impartición de justicia, de mantener el orden público y buen gobierno; así como de encargarse de asuntos relacionados con la milicia en sus respectivos partidos. Para cumplir con estas amplias funciones, se buscaría entre los notables de cada lugar, a un vecino de calidad española, de buena reputación y capaz de garantizar el cumplimiento responsable y eficaz de su cargo.

El propósito de esta reforma tenía dos objetivos, por una parte, aumentar la eficacia de los gobiernos distritales y por la otra, alentar la intervención de los miembros de las élites locales en los asuntos públicos. En este sentido, los ideólogos del absolutismo ilustrado consideraban que para revitalizar la economía era necesario promover la participación eficaz de los intereses particulares en cada una de las poblaciones y que los vecinos y residentes en las subdelegaciones se preocuparían más que los antiguos alcaldes mayores y corregidores por la buena marcha de la economía local y de las actividades públicas. En palabras de Horst Pietschmann, “Era obvio que la Corona lo que buscaba era dar una mayor posibilidad de desenvolvimiento a los intereses locales, pues suponía que estos intereses se enfocarían a un crecimiento de la fuerza económica laboral.” [5] En suma, se trataba de incorporar a los actores locales en las tareas de gobierno con el propósito de mejorar, sobre todo, la recaudación hacendaria.

Como se observa fue de proporciones mayores la transformación a la que se vio sujeta el sistema de autoridades provinciales y distritales con la introducción de los subdelegados, funcionarios que a la postre se convirtieron “…en un importante eslabón entre el ciudadano común y corriente y los superiores niveles del aparato estatal.” [6] De manera que, retomando estas nociones, en la investigación en curso se analiza la actuación y funciones de gobierno desarrolladas por los subdelegados en la Intendencia de México durante los años de 1786, año de instauración del nuevo sistema de gobierno distrital, a 1810, fecha en la que el sistema de gobierno intendencial y, particularmente, el distrital se vieron trastocados por el surgimiento de la insurgencia.

¿Cómo fue el proceso de instauración del nuevo sistema de autoridades distritales creado con la Ordenanza de Intendentes en la provincia de México?, ¿cómo fue la relación de los subdelegados con los diversos actores económicos y políticos, desde los pueblos de indios, los representantes de la Iglesia hasta con las élites locales?, ¿cómo fue el ejercicio de la justicia, los conflictos y los procesos de negociación en los cuales se vieron inmersos los nuevos funcionarios distritales?, ¿cuáles fueron sus quehaceres como agentes hacendarios de la Corona? Son algunas de las hipótesis que guían la investigación con el propósito de ofrecer un acercamiento al funcionamiento del aparato de gobierno distrital encabezado por el subdelegado y a éste mismo como un sujeto implicado en una serie de relaciones económicas, políticas y sociales. Un proyecto de esta naturaleza necesariamente tiene que establecerse en distintos niveles: por un lado, analizar la relación institucional del subdelegado; pero, por otro parte, estudiarlo en tanto integrante de una comunidad política, en estrecha relación, en muchas ocasiones conflictivas, con los distintos actores históricos actuantes en el escenario de la Intendencia de México. Sólo desde esta perspectiva se podrá ofrecer un panorama integral acerca del complejo y dinámico sistema político administrativo a nivel distrital que introdujo la Ordenanza de intendentes


Notas

[1]: Clara García Ayluardo, “Introducción. La paradoja de las reformas” en Las reformas borbónicas, 1750-1808, México, FCE, CIDE, CONACULTA, INEHRM, Fundación Cultural de la Ciudad de México, 2010, p. 11.

[2]: Real Ordenanza para el establecimiento é instrucción de intendentes de exército y provincia en el reino de la Nueva España. Edición anotada de la Audiencia de la Nueva Galicia, ed. y est. preeliminar de Marina Mantilla Trolle, Rafael Diego-Fernández Sotelo y Agustín Moreno Torres, Guadalajara, Zamora y Hermosillo, Universidad de Guadalajara, El Colegio de Michoacán, El Colegio de Sonora, 2008.

[3]: Marina Mantilla Trolle, Rafael Diego-Fernández Sotelo y Agustín Moreno Torres, “Prefacio” en Real Ordenanza…, p. 12.

[4]: Real Ordenanza…, artículo 12, p. 150.

[5]: Horst Pietschmann, Las reformas borbónicas y el sistema de Intendencias en Nueva España un estudio político administrativo, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 189.

[6]: Guillermo F. Margadant S., “La Ordenanza de Intendentes para la Nueva España: ilusiones y logros” en Beatriz Bernal (coord.), Memoria del IV Congreso de Historia del Derecho Mexicano, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, t. II, p. 669

 
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