Marta Terán - Proyecto

¿Cómo finaliza lo que acaba? La extinción de los subdelegados y de los tributarios de Nueva España entre 1810 y 1822

Marta Terán

INAH-Dirección de Estudios Históricos
correo-e: martateran.deh@inah.gob.mx

Se encuentra en proceso de salir a la luz la investigación titulada: Tributos tardíos de la Nueva España. Programa interactivo dedicado a Cayetano Reyes García (México, INAH, COLMICH, 2017). Esta aplicación para el historiador podrá ser consultada en un dominio electrónico del INAH y tendrá un tiraje breve en papel (Manual del usuario + USB). Se sustenta en el análisis de las últimas 4 matrículas generales de tributos que se realizaron en la Real Hacienda, cuyas bases de datos procesa el Programa, así como en 4 tomos de paleografía a la letra (legislación y documentos selectos) que permiten acercarse tanto a la recolección tardía de este derecho del rey en debido reconocimiento de su soberanía, como a su proceso de extinción.

El Programa permite comparar fuentes seriadas y completas relativas a 1805, procedentes del Ramo de Tributos del AGN (las que editó en 1977 Cayetano Reyes en un Boletín del Archivo General de la Nación), ahora corregidas y muy legibles, con otras fuentes semejantes acerca de la tributación de 1809 y 1810, procedentes del Ramo Indiferente Virreinal. El Programa, pues, vincula estadísticas complejas con gráficas y mapas sobre los tributarios enteros (casados) y medios tributarios (solteros y viudos) de la Nueva España, entre los indios, mulatos y negros libres, así como de todos y cada uno de sus compromisos monetarios con el ramo más antiguo de la Real Hacienda. En pesos, reales y tomines se satisfacían los conceptos en los que se dividía esta carga de los tributarios: tributos del rey, de encomiendas, de doctrinas, de ministros, de hospital y de bienes de comunidad; aunque siempre existieron pueblos donde, hasta 1810, se tributó en especie.

Con los Estados generales de tributos de 1805, 1809 y 1810 se reconstruyó una geografía de los partidos tributarios, necesaria para vincular los tributos con la función de los subdelegados como recolectores de éstos y de otros dineros reales. Hablamos de 198 partidos tributarios en 1810 (206 en 1805), casi todos equivalentes a las subdelegaciones. Casi, pues había subdelegados que atendían varios partidos. Dichos partidos estaban repartidos en 11 provincias tributarias: México, Puebla, Oaxaca, Veracruz, Valladolid de Michoacán, Guanajuato, Guadalajara, Zacatecas, San Luis Potosí, Mérida y Arizpe. La eficiencia de las sucesivas reformas que efectuó la Real Hacienda sobre el ramo del tributo en la segunda mitad del siglo XVIII, desde las aplicadas a la planta de funcionarios en Palacio, hasta las que atendieron el nivel más local donde se identificaba a los tributarios, se hacían las matrículas (o retasas) y se efectuaba la recaudación, se reflejó en el erario real: en las últimas décadas, la cifra anual que aportó el ramo de tributos pasó de unos 600 000 pesos a romper la barrera del millón de pesos, mientras que hacia los últimos años de los tributos se recogieron, en promedio, un millón y medio de pesos (en 1805 se recolectó un poco más, y en 1809 un poco menos, por tratarse de un año de crisis agrícola).

Los subdelegados

En este proyecto es central el tema de los subdelegados porque ellos recolectaban esos tributos en uno, dos o tres pagos en el año, ganando el 6% de premio y cediendo el 1% a los gobernadores indios que les ayudaban. Se regían por una abundante legislación varias veces revisada entre 1770 y 1795, cuyas directrices principales quedaron consignadas en un puñado de artículos de la Real Ordenanza de 1786. El más extremo de ellos no se cumplió: volver a todos los tributarios enteros (extinguiéndose los medios tributarios) porque el año en que se firmó la Real Ordenanza (1786) fue también el de la peor crisis agrícola del siglo XVIII en la Nueva España. En 1788, en razón de que apenas se empezaban a reponer los pueblos, se confirmaron los privilegios de los indios, las exenciones y los usos que habían regido hasta entonces. Eso limitó la modernización del sujeto del ramo, el tributario, en cuanto a la igualación de todos en tasas y edades para tributar, pero no frenó el perfeccionamiento del engranaje administrativo para recolectar, para clasificar a los tributarios mejor y para incorporar a más tributarios. Los administradores del ramo exhibieron mucha destreza contable para gobernar unas cuentas donde las cuotas, los conceptos tributarios, y las edades para comenzar y salir la tributación eran distintas en cada provincia.

Para exigir tanto los tributos como los medios reales, los subdelegados se valían de una matrícula que no elaboraban ellos personalmente, sino comisionados especiales que se designaban desde la oficina de Retasas (o matrículas de tributos). Éstas se renovaban cada 5 años, salvo excepciones. El tamaño del mundo familiar de los tributarios en 1805 era nada menos que de 3’ 265, 710 individuos, con sus mujeres y sus niños, además de los parientes que no tributaban y vivían entre ellos, aunque sin los viejos y las Viejas, ya que, por serlo, no se contaban en las matrículas. Tampoco se contaba por entero otro grupo difícil de conocer: los individuos exentos, mulatos e indios, que convivían también con ellos.

Debido a que los subdelegados recolectaban otras cuentas reales y atendían otros asuntos particulares de cada partido (porque hubiera minería, un estanco del Tabaco, arriendos de tierras de indios, aguas o desagües, por ejemplo) era común respetar sus preferencias en la agregación de los partidos tributarios según su propio interés. Parte de su éxito estaba en el conocimiento de los tributarios y los diversos compromisos que les tocaban, así como de sus varias calidades étnicas, además de que los individuos no cesaban de crecer o envejecer. Había que distinguir no sólo a los solteros y viudos de los casados, o a los exentos, sino también a los que estaban próximos a tributar y a los niños: por eso les era vital la colaboración de los gobernadores de las repúblicas. El premio de los subdelegados por juntar el tributo era central en la compactación de sus ingresos anuales, de tal forma que a la hora del comienzo de la guerra por la independencia y de iniciarse la extinción de los tributos, el virrey Venegas giró instrucciones para que el porcentaje de los tercios se les siguieran proporcionando con regularidad por la caja real más próxima, si bien, entrada en años la guerra por la independencia, muchos subdelegados fueron sustituidos por comandantes militares para reunir en uno el mando civil y militar y economizar recursos.

El proyecto

Consiste en analizar cómo era la recolección de los tributos y cómo se llevó adelante el cumplimiento de esos cobros una década antes de comenzar la Guerra por la independencia en 1810. También analizar cómo se realizó el finiquito de los tributos por los subdelegados ya en la guerra, de 1811 a 1815. Aquí, interesa saber lo que se siguió cobrando y si se resolvieron los reparos por los descubiertos en las cuentas. Interesa, así mismo, saber cómo se atendieron las rentas de las últimas encomiendas, en dónde prosiguieron los cobros de los medios reales, en qué provincias ya nunca volvieron los subdelegados a cobrar los tributos por la Guerra, y si, en contraste, todo volvió a la regularidad en el caso de las provincias de Mérida y Chiapas, en donde se restablecieron los tributos desde 1815, cuando el rey Fernando VII decidió que éstos regresaran a sus dominios Americanos, aunque con el nombre de contribuciones, para que los indios volvieran a colaborar regularmente con los gastos del estado.

Vale señalar que, hasta que en España se reconsideró el tema de los tributos por el restablecimiento de las leyes gaditanas, en 1820, se detuvo el avance que llevaban los virreyes y funcionarios de la Nueva España para rehabilitar la Contaduría de Retasas y crear las condiciones necesarias para que volvieran a atender los subdelegados el tributo en las provincias de Oaxaca y Veracruz, con el nombre de contribuciones. Las opiniones desfavorables y favorables de algunos funcionarios de las provincias, entre 1816 y 1817, habían orientado a las autoridades virreinales para planear el regreso de esta capitación en este orden: primero en las provincias donde no hubo guerra, luego en las provincias leales donde los indios habían expresado no solo su beneplácito, sino hasta la esperanza en que a cambio del tributo pudieran dejar las contribuciones y servicios personales que se les pedían en razón de la guerra. Al final se dejarían las provincias cuya pacificación no se había logrado.

Los subdelegados, antes de extinguirse con la consumación de la independencia, cedieron su autoridad y custodia de los bienes de los indios tributarios a los ayuntamientos constitucionales. Al desaparecer los subdelegados, a sus jurisdicciones, curiosamente, les quedó el nombre de partidos. Lo interesante es que, tanto los tributos del rey, como los subdelegados, se extinguieron un poco antes que los tributarios mismos, pues los tributarios permanecieron como tales hasta 1822, año en que fenecieron sus últimas cargas: los medios reales de Ministros, los medios reales de Hospital y el real y medio para las cajas de comunidad.

Por lo tanto, la extinción de los tributos y los tributarios fue un proceso que ocurrió entre 1810 y 1822, cuya secuencia incluyó su reposición en 1815 en las provincias antes mencionadas, así como la reposición de los medios reales de ministro y hospital y el cobro generalizado del real y medio de comunidad, excepto en las provincias que nunca se pacificaron, hasta pasada la ruptura con España. Por lo que respecta a los tributos, en la provincial de Mérida, éstos se prolongaron con el nombre de contribuciones después de la independencia. En cuanto a las encomiendas, quedó una secuela en la prolongación de la más importante: aquella que disfrutaron los descendientes directos de Moctezuma, pues continuaron disfrutando de una renta nacional por más de un siglo después de la independencia (hasta 1934).

 
Martínez de Navarrete 505; Col. Las Fuentes, C.P. 59699, Zamora, Michoacán, México
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